Los 50 pasos de Ana… durante la curentena.

Hoy os enseño lo que escribí para una concurso de relatos… ni me acerqué a ganar…jajaja

Así han sido los días de Ana, 50 pasos, 3 para girar y 50 más.

Ana, para quienes no lo sepan porque seguro que pocos lo saben, es nuestra madre digo nuestra porque la comparto con mi hermana y en su momento con mi hermano, desde el primer día así que no sería justo decir mi madre… porque no es sólo mía y además como ella siempre ha sido muy suya aún sería peor.


Nació en el 36, en Barcelona, vivió y creció en el gótico junto a la bolsa en esas bonitas calles que un tiempo cuando yo era pequeño daban yuyu! pero ella las vivió de otra manera, de postguerra de : Vamos al metro que hay bombardeo! Momentos en que ella en su inconsciencia infantil festejaba diciendo : Olé, olé… dame el monedero y el guapo! (como llamaba a su abrigo) eran tiempos de miedo y no salían a la calle más que para refugiarse en el metro… por los bombardeos. Pero ella, como siempre ha sido así, se alegraba de salir a la calle.

Me contaba, digo contaba porque ya no lo recuerda… cosas de la edad y el alzheimer! que con sus hermanas iban a las escaleras de la bolsa en Barcelona y ponían un hilo de columna a columna y cuando salían los señores emperifollados con sus altos sombreros el hilo se los tiraba al suelo y salían huyendo como alma que lleva el diablo, Rosa la mayor me da que era el cerebro, Ana la pequeña a remolque y Carmen a la que costaba correr era estirada por las otras dos… en fin, que vivió una Barcelona donde el calzado oficial de la gente humilde me contó que eran “les esperdenyes” (que ahora valen un potosí) y de comprar boquerones en cucurucho de papel por encargo de su madre, de nombre también Ana…. un día me confesó que siempre les ponían un puñado más.

Nuestro abuelo, digo nuestro porque también lo compartimos unos cuantos… y dicho sea de paso, a quién no tuve el placer de conocer, cosa que me pica y mucho porque me consta que era un personaje, fue marino, barbero y lo que pudo, cosa que me encanta. Y me da que también fue culpable de nuestra pasión por el mar…mía y de mi hermano… parafraseando a Ana : Mi padre traía plátanos, colgados del techo del camarote! Se ve que como ahora eran un manjar… joder! Será también culpable de mi plátano diario?

Y nada, después de mil anécdotas que me he perdido y una vida llena de otras que si conozco pero que no os voy a contar porque son nuestras… de ella y de nosotros! Llegamos al confinamiento, días y días en casa sin poder salir, charlando, comiendo, pensando… hasta la hora de SUS 50 PASOS, sus 50 pasos de gloria…. sobre las 11 subíamos al terrado de su edificio y caminábamos de un lado a otro mirando el paisaje y comentando, ella, siempre contenta! Porque a pesar de todo es así, resistente, menuda pero muy resistente y agradecida… Sus palabras iban del : Mira que maco nen! Mira que bonic allò! Y es que a pesar de su enfermedad no deja de alucinarnos, está contenta y se viste de rojo! Olé!

Y mientras entre paseo y paseo yo hacía mis ilustraciones del confinamiento , dibujando y dibujando sin parar… ha sido mi terapia, dicen que la creación artística segrega endorfinas y a mi me han ido muy bien… mi arte aunque sencillo y sin pretensiones se ve que también segrega algo y lo que seguro que hace es ocupar tiempo, cosa que me ha ido muy bien… mientras ella en su día de la marmota personal, me miraba y decía : Nen, que maco! Ho has fet tu? Y yo :  Sí, mama!

Y vuelta a empezar porque como sabéis el alzheimer (y lo pongo con minúscula porque me cae mal) es puñetero y a veces los momentos se amontonan y repiten combinando la memoria de pez con la película de Bill Murray en que se repiten los amaneceres, las tardes, los días y se le amontona el tiempo sin sentido, aunque Bill en la película coge el toro por los cuernos y decide aprender a tocar el piano.

Ana no está para pianos, pero es feliz, entre los dos, mi hermana y yo la cuidamos y soportamos…no ha sido fácil la verdad, pero lo hemos conseguido.

Y los días han ido pasando, como los de todos, uno detrás de otro con tele, con libros, con periódicos con más tele e ilustraciones… muchas ilustraciones, con las quejas de los conocidos y desconocidos como si hubiese sido culpa de alguien.


Y mientras con la que está cayendo, Ana, me mira y dice : Nen, posa’t unes sabates! No lo puede evitar, hace 49 años que sabe que voy descalzo siempre que puedo, pero ella, no desiste!

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